Octubre de 2026. Han pasado más de cuatro años y medio desde que Rusia lanzó la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022. El frente sigue abierto, las negociaciones avanzan por debajo del ritmo que los titulares prometían, y en Kyiv hay un problema que cada vez es más difícil de gestionar en silencio: no hay suficientes soldados.
The Morning Call recogió esta semana la situación de forma directa: Ucrania enfrenta una escasez severa de tropas en el frente tras más de cuatro años de combate sostenido. Es una constatación que los analistas llevan meses señalando, pero que la comunicación oficial ucraniana había tratado de suavizar. Ahora resulta imposible de disimular.
+4 años
Duración del conflicto armado a gran escala en Ucrania, iniciado en febrero de 2022
Fuente · Reuters, registro cronológico del conflicto
El problema demográfico detrás del problema militar
Ucrania tenía, antes de la guerra, una población de unos 44 millones de personas. Las cifras actuales son mucho más inciertas. Según estimaciones de la ONU y ACNUR, más de 6 millones de ucranianos se encuentran desplazados en Europa como refugiados, con los mayores contingentes en Alemania, Polonia y la República Checa. Otros millones permanecen desplazados dentro del propio país.
Esto significa que la base de reclutamiento potencial se ha contraído de forma drástica justo cuando el ejército lleva cuatro años de desgaste continuo. Los muertos, los heridos, los prisioneros y los que han salido del país forman una ecuación brutal para cualquier planificador militar.
El gobierno de Zelenski aprobó en 2024 una ley de movilización que bajó la edad mínima de reclutamiento de 27 a 25 años y complicó significativamente los criterios de exención. Esa ley generó tensión social interna considerable. Un año después, el debate en Kyiv gira en torno a si bajar aún más el umbral o establecer mecanismos de rotación más eficientes para los combatientes que llevan años en trincheras sin rotación.
No es solo agotamiento físico. Es agotamiento sistémico. Las unidades que fueron entrenadas en los primeros meses de 2022 con apoyo occidental han tenido bajas, han sido reconstituidas con personal menos experimentado y han vuelto al frente. La calidad media del combatiente ucraniano en posiciones adelantadas es, según múltiples análisis de Reuters y del Financial Times, significativamente inferior a la de 2022 o 2023. No porque los ucranianos no quieran luchar, sino porque el personal más experimentado o está muerto, o está herido, o está demasiado cansado para ser eficaz.

Atención
La escasez de tropas no es solo un problema de cantidad. Es un problema de experiencia acumulada: los soldados más formados llevan más de dos años en rotación continua, lo que eleva exponencialmente el riesgo de error táctico bajo presión.
Qué omite la cobertura estándar de este conflicto
La cobertura habitual de la guerra en Ucrania se centra en tres ejes: los avances territoriales día a día, las declaraciones de líderes occidentales sobre envío de armas, y las acusaciones cruzadas entre Moscú y Kyiv. Lo que raramente aparece con suficiente profundidad es la dimensión demográfica y humana del desgaste.
En nuestro seguimiento del conflicto desde este medio, incluyendo piezas anteriores sobre los ataques rusos y las conversaciones de paz y sobre la estrategia de la OTAN ante un posible ataque ruso, habíamos señalado que el conflicto tiene una dimensión estructural que los titulares no recogen bien. La escasez de tropas es el ejemplo más claro.
Lo que The Morning Call reporta, y que otros medios apenas desarrollan, es que este déficit de personal no es una crisis puntual sino el resultado acumulado de 52 meses de guerra. No hay una solución rápida. No hay una ola de voluntarios que pueda llenar ese vacío en semanas. Los aliados occidentales pueden seguir enviando armamento sofisticado, pero los tanques y los sistemas de defensa aérea necesitan operadores entrenados. Y ahí está el nudo.
Cuatro años de guerra no se compensan con un decreto de movilización. El capital humano militar, una vez perdido, tarda años en reconstruirse.
La cobertura estándar tampoco entra en las implicaciones políticas internas de este déficit. Zelenski necesita sostener la moral doméstica al tiempo que amplía la base de reclutamiento, dos objetivos que empujan en direcciones opuestas. Cada nueva medida de movilización genera fricción social. Y el gobierno ucraniano es consciente de que la narrativa de "estamos ganando" se sostiene cada vez con más dificultad cuando hay familias esperando noticias de hijos que llevan tres años sin rotación.
Las implicaciones más amplias para Europa
Creo que el debate europeo sobre esta guerra sigue siendo demasiado reactivo. Europa lleva años respondiendo a los hechos consumados en lugar de anticipar los escenarios más probables. Y uno de esos escenarios, cada vez más verosímil, es que Ucrania llegue a una situación en la que no pueda sostener militarmente sus posiciones actuales, no por falta de voluntad sino por agotamiento demográfico.

Eso tiene consecuencias directas para las negociaciones de paz. Un Kyiv debilitado militarmente llega a cualquier mesa con menos poder de negociación. Lo que se ceda en esa mesa definirá la arquitectura de seguridad europea durante décadas. Foreign Affairs ha publicado en los últimos meses varios análisis que señalan que el momento de mayor influencia de Ucrania en cualquier negociación fue 2022-2023, y que esa ventana se ha ido cerrando progresivamente.
Para la OTAN, la situación plantea una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto puede y quiere compensar el déficit de personal ucraniano con más equipamiento? Las armas sin operadores entrenados son costosas decoración. Y el entrenamiento de nuevas cohortes de soldados ucranianos en territorio europeo, que varios países han aceptado hacer, tarda meses en producir resultados sobre el terreno.
El verdadero indicador a seguir
No el número de kilómetros de frente que Ucrania controla, sino la tasa de rotación de sus unidades. Si los soldados no pueden salir del frente durante meses, el agotamiento operativo supera cualquier ventaja táctica que pueda proporcionar el armamento occidental.
El análisis de BBC sobre el estado de las fuerzas ucranianas a mediados de 2026 apuntaba en esta dirección: las unidades de élite formadas en los primeros años de la guerra siguen siendo efectivas, pero representan una fracción cada vez más pequeña del total. El grueso del frente lo sostienen unidades con menor experiencia y mayor rotación de bajas.
En este contexto, la negociación de un alto el fuego, si llega, no será el fin del problema sino el comienzo de otro: reconstruir un ejército que ha consumido su generación más formada en cuatro años de combate intensivo. Ese proceso, si nos atenemos a precedentes históricos como los que siguieron a otros conflictos prolongados, tarda entre diez y veinte años. Y durante ese tiempo, la disuasión convencional ucraniana frente a cualquier futura presión rusa será limitada.
Hemos cubierto las dimensiones más amplias de la preparación europea para un conflicto extendido y el patrón que emerge es consistente: el continente está empezando a tomar en serio una realidad que durante décadas quiso ignorar. La escasez de tropas ucraniana es, en cierto modo, el síntoma más visible de una enfermedad más profunda: la atrofia de las capacidades de defensa convencional en toda Europa tras treinta años de dividendos de paz.
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