El jueves 16 de octubre, María Corina Machado publicó una declaración que sacudió el tablero diplomático latinoamericano: Estados Unidos la está dejando fuera de las conversaciones sobre el futuro político de Venezuela. No como rumor filtrado ni como especulación opositora. Como acusación directa, con nombre y apellido del proceso.
La agencia EFE recogió las palabras de Machado en las que señala que Washington estaría negociando con el régimen de Maduro sin incluir a la oposición democrática reconocida, y particularmente sin su participación. El mensaje implícito es duro: EE.UU. estaría priorizando acuerdos energéticos o de estabilización regional por encima de las condiciones democráticas que ella representa.
Si esto es exacto, estamos ante un giro de proporciones considerables.
Lo que Machado dice y lo que no dice
La declaración de Machado no detalla qué tipo de acuerdo se estaría negociando ni quiénes son los interlocutores concretos del lado estadounidense. Eso es deliberado. Ella sabe que los detalles pueden desmentirse; la denuncia del principio, no.
Lo que sí queda claro en su postura es que cualquier arreglo que excluya a la oposición democrática venezolana legitima, de facto, la permanencia de Maduro. Y eso es exactamente lo que lleva años intentando evitar.
Un acuerdo sobre Venezuela que no incluye a su principal líder opositora no es un acuerdo de transición democrática. Es un acuerdo de gestión del statu quo.
Vale recordar el contexto. Machado ganó las primarias opositoras venezolanas con más del 90% de los votos en octubre de 2023. Fue inhabilitada políticamente por el régimen de Maduro poco después. Aún así, siguió siendo el referente más reconocible de la resistencia democrática, dentro y fuera del país. Que Washington negocie sin ella no es un tecnicismo burocrático: es una señal política muy concreta sobre qué prioridades están en la mesa.
La pregunta que debería hacerse cualquier analista es: ¿por qué ahora? Las negociaciones sobre Venezuela no son nuevas. Lo que sí parece nuevo es que Machado ha decidido hacer pública su exclusión, lo que sugiere que las conversaciones han llegado a un punto concreto, no son un proceso vago y difuso.
El triángulo Washington-Caracas-oposición
Durante años, la estrategia de presión máxima de EE.UU. sobre Venezuela tuvo un pilar implícito: la legitimidad opositora servía como palanca. Maduro necesitaba negociar con alguien que representara a la sociedad venezolana. Sin ese interlocutor, cualquier acuerdo parecía un arreglo entre cúpulas.

Esa lógica parece estar erosionándose.
Hay varios factores que explican por qué Washington podría estar reconsiderando su postura. El petróleo venezolano sigue siendo relevante para el equilibrio energético regional. La migración venezolana, que ha superado los 7,7 millones de personas según datos del ACNUR a cierre de 2025, genera presión sobre países vecinos como Colombia, Brasil y también sobre el sur de EE.UU. La estabilización, aunque sea imperfecta, puede ser más atractiva políticamente que continuar con una presión que no ha producido cambio de régimen en casi una década.
7,7 millones
Venezolanos desplazados fuera de su país a cierre de 2025, según ACNUR — la mayor crisis migratoria de América Latina
Fuente · ACNUR, 2025
El problema es que "estabilización" y "transición democrática" no son lo mismo. Y Machado lo sabe, por eso habla ahora.
Desde Asunción seguimos este proceso con atención. Paraguay tiene relaciones diplomáticas con Venezuela (aunque tensas), comparte la región y recibe flujos migratorios venezolanos menores pero reales. Lo que se cocine en Washington respecto a Caracas acaba teniendo efectos en toda la arquitectura política del subcontinente, incluyendo el Mercosur, donde Brasil y Argentina tienen visiones distintas sobre cómo tratar con Maduro.
Atención
Si el acuerdo entre Washington y Caracas se consolida sin garantías democráticas explícitas, enviaría una señal preocupante a otros gobiernos autoritarios de la región: la presión exterior cede si aguantas suficiente tiempo.
Lo que los medios omiten y por qué importa a quien opera en la región
La cobertura de esta noticia en medios latinoamericanos se ha centrado, comprensiblemente, en el choque político entre Machado y la administración Trump. Ese es el ángulo obvio.
Pero hay una dimensión que prácticamente ningún medio ha analizado: las implicaciones para el tejido empresarial y profesional que opera en el Cono Sur con Paraguay como base.
Venezuela sigue siendo un agujero negro económico de primer orden en la región. Los acuerdos energéticos entre Washington y Caracas, si se materializan, pueden cambiar el precio del petróleo en el mercado regional, afectar los flujos de inversión hacia países productores alternativos y modificar las dinámicas migratorias que presionan los mercados laborales de Paraguay, Argentina y Colombia. Un emprendedor español establecido en Asunción que tiene empleados venezolanos, o que importa desde Colombia o Brasil, opera en un ecosistema que sí va a notar estas negociaciones, aunque nadie lo esté cubriendo con ese ángulo.
La cobertura local tampoco ha entrado en cómo un eventual acuerdo Washington-Caracas redefine el papel de Paraguay en la diplomacia regional. Asunción mantiene una postura crítica hacia el régimen de Maduro, cercana a la de Brasil bajo Lula pero con matices propios. Si EE.UU. empieza a tender puentes con Caracas, Paraguay tendrá que decidir si sigue la estela estadounidense o mantiene su posición independiente. Esa decisión tiene consecuencias para el entorno político y reputacional del país como destino de inversión.
Para quienes están evaluando Paraguay como base fiscal o residencial, conviene seguir este hilo. Un país cuya geopolítica vecinal se complica no se convierte automáticamente en un destino menos atractivo, pero sí obliga a entender mejor el contexto. Hemos cubierto el debate sobre la inversión extranjera en Paraguay y sus implicaciones fiscales y el acuerdo ALAS entre Argentina, Brasil, Chile y Paraguay, que son parte de esa arquitectura regional.

Nota
Este artículo se publicó el 17 de octubre de 2026 con la información disponible en ese momento. Las negociaciones sobre Venezuela cambian rápido y a menudo entre bastidores. Actualizaremos si hay desarrollos relevantes.
Qué puede pasar a partir de aquí
Hay tres escenarios plausibles, y ninguno es especialmente cómodo para Machado.
El primero: que la denuncia pública frene las negociaciones o fuerce a Washington a reincorporarla como interlocutora. Poco probable si el proceso ya tiene inercia propia.
El segundo: que EE.UU. continúe negociando y el acuerdo incluya alguna concesión cosmética para la oposición, sin que Machado tenga influencia real. El tipo de fórmula diplomática que se vende como "inclusiva" pero que en la práctica es un arreglo entre las partes que tienen poder real.
El tercero: que las negociaciones fracasen por razones que no tienen nada que ver con Machado (petróleo, sanciones, presiones internas en EE.UU.), y que el statu quo se perpetúe otros años más.
Creo que el segundo escenario es el más probable, aunque el tercero es el más frecuente históricamente cuando se habla de Venezuela. Los acuerdos sobre Venezuela llevan fracasando desde 2014 por una razón sencilla: Maduro negocia para ganar tiempo, no para ceder poder. Si Washington no lo tiene claro, el proceso acabará igual que los anteriores.
Lo que Machado ha hecho con su denuncia es, al menos, poner el problema sobre la mesa antes de que el acuerdo se presente como un hecho consumado. Si tiene éxito o no en frenar el proceso es otra cuestión. Pero el intento es significativo.
En Impulse Legacy seguiremos cubriendo cómo los movimientos geopolíticos en la región afectan a quienes tienen intereses en Paraguay y Latinoamérica. Para no perder el hilo, también puedes repasar nuestro análisis sobre la posición de Trump respecto a los conflictos regionales y cómo afectan al tablero global, o revisar el contexto de las sanciones europeas en relación con conflictos internacionales.
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